" /> Angélica Sofía | El sentido de la vida a través del Eneagrama

El sentido de la vida a través del Eneagrama

El sentido de la vida a través del Eneagrama

En la mayoría de las situaciones, y sin querer generalizar, cuando nos embarcamos en un viaje de descubrimiento y evolución del ser o de buscar un sentido a la vida, tenemos un sin número de cuestionamientos sobre lo que hemos hecho hasta ahora y lo que hemos venido a hacer. Nos preguntamos ¿Por qué me sucedió esto?, a la que se suele responder: “No te preguntes el porqué, pregúntate el ¿para qué?”

Objetivamente, el ¿Para qué? es un cuestionamiento que nos lleva a aplicar nuestros conocimientos y habilidades para mejorar determinada situación con madurez y entendiendo su finalidad. De otro lado, cuando encontramos cuestionamientos como, ¿Por qué me sucede esto una y otra vez?, ¿Por qué siempre consigo el mismo tipo de parejas?, ¿Por qué no puedo reaccionar diferente cada vez que me pasa esto?, ¿Por qué no puedo expresar mis sentimientos?, ¿Por qué siempre estoy lleno de ira, o de angustia, o temor? etc., es cuando deberíamos reflexionar el origen de estos hechos, un poco antes de saltar al para qué, ya que conocer el porqué de nuestras reacciones, cuáles son nuestras motivaciones y por qué repetimos una y otra vez los mismos patrones de comportamiento, nos va a permitir conocer el mapa, ese territorio que nos es más que conocernos a nosotros mismos.

La sabiduría del Eneagrama, consiste precisamente en comprender las motivaciones y los miedos que determinan el comportamiento nuestro y de los demás. Hablamos de comprender y no de conocer, ya que el conocimiento por sí solo no es suficiente para cambiarnos, por esto es que debemos integrar el porqué y el para qué. El conocimiento podríamos decir que está ligado a la pregunta: ¿por qué?, ya que nos permite conocer el mapa, por qué adoptamos determinados comportamientos y los hicimos parte de nuestra personalidad. Por su parte, el comprender lo relacionamos al para qué, el cual nos permite tomar acción, ya que hemos profundizado en nuestros miedos y motivaciones y nos encamina a un nivel de consciencia más elevado que nos ayuda a romper los patrones de comportamiento destructivos, y en lugar de juzgarnos a nosotros mismos y a los demás, empezamos a comprender que cada uno tiene motivaciones distintas que surgieron de la forma como cada uno percibe el mundo, desarrollando mecanismos de defensa para subsistir en un mundo que desconocemos y evitando a toda costa el sufrimiento.

El Eneagrama es una herramienta de autoconocimiento que describe nueve (9) tipos de personalidad, originados por la forma como percibimos el mundo, permitiéndonos comprender la naturaleza humana y las distintas motivaciones y miedos que determinan nuestro comportamiento. Sin embargo, como mencioné anteriormente, el conocimiento no es suficiente. El regalo que nos trae el Eneagrama es que aunque nos describe el lado oscuro de los eneatipos, es decir, los marcados por el Ego, su fin último es permitirnos conectar con el lado integrado o luminoso, ya que nos describe también las virtudes de cada uno, y una vez comprendemos el porqué de nuestros comportamientos, comenzamos a responder el para qué, conectando con nuestra esencia y llevándonos a descubrir y vivir nuestro propósito de vida. Como dice Carl Jung, “Aquel que mira hacia afuera, sueña. Pero aquel que mira hacia adentro, despierta”, y esto es precisamente lo que nos ofrece el Eneagrama, mirar con los ojos del alma a nuestro verdadero ser.

EL ENEAGRAMA EN UN POEMA

Cuando acepté que tenía miedo a equivocarme,

la ira reprimida se convirtió en serenidad,

dejé de juzgarme tan fuerte

y dejé de juzgar a los demás.

Cuando supe que podía dar desinteresadamente,

el orgullo que me hacía exigir el amor de los demás

se transformó en humildad

y descubrí lo que significa amar de verdad.

Cuando viví el fracaso

y que la soberbia no me permitía fallar,

transformé el deseo de reconocimiento por la auto aceptación

siguiendo y cumpliendo los sueños que dicta mi corazón.

Cuando sentí que no encajaba y me perdía en este mundo,

que me enfocaba en lo que no tenía o en lo que había perdido,

dejé de enfocarme en lo que tenían los demás

para construir mi vida desde la autenticidad.

Cuando padecí el vacío

y lo llené con lógicas y razonamientos,

cambié la búsqueda del conocimiento

por la sabiduría.

Cuando descubrí que no confiaba en mí

y por lo tanto tampoco en el resto del mundo,

entendí que el mayor acto de valentía

era arriesgarme a vivir,

lo que implica no tener nada seguro.

Cuando reconocí mi miedo al sufrimiento,

abandoné el ruido que mantenía estimulada mi mente

para conectar con mi cuerpo y mis sentimientos,

descubriendo la gratitud y felicidad del momento presente.

Cuando descubrí que no quería salir herido

Dejé de imponerme y dominar a los demás

Transformando el control

Por la libertad de sentir y pensar en los demás.

Cuando reconocí mi miedo al conflicto

descubrí que la paz mental

no proviene de la complacencia ni el estar de acuerdo con todos,

sino de valorarme y reafirmarme ante los demás.

Angélica Sofía Clavijo Castañeda

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