" /> Angélica Sofía | En busca del destino

En busca del destino

En busca del destino

“Cuando menos lo creas posible ama más,
porque el amor es una fuente de abundancia infinita,
por eso la palabra ama tiene dos a,
una para amarte a ti mismo y otra para amar a los demás”.

Últimamente me han llegado muchas personas comentándome que sienten que sus vidas están limitadas al trabajo y al hogar y que necesitan un cambio. Al parecer esta situación no está sucediendo solo a nivel personal sino colectivo. Masas en busca de cambios y otras personas sintiendo la inconformidad de su “zona de confort”.

La sociedad nos ha vendido un concepto de perfección que nos ha llevado a crear unos estándares de cómo deberíamos vivir la vida y como los demás deberían vivirla, induciéndonos a un constante conflicto porque al intentar encajar y al intentar agradar, nos olvidamos de nuestra esencia y de nuestra individualidad. Por supuesto que hay ciertas normas que son importantes para convivir en sociedad, pero no podemos construir una sociedad armónica cuando no podemos vivir en armonía con nosotros mismos, cuando no reconocemos nuestras virtudes, cuando desconocemos nuestras actuaciones del ego y cuando no aceptamos nuestra humanidad.

Nadie puede dar de lo que no tiene, tú no puedes amar a otros si no te enamoras de ti cada día, no puedes escuchar a otros si no escuchas tus propias necesidades, no puedes perdonar a otros si te sigues culpando por tus errores, no puedes dejar de criticar a otros cuando constantemente te juzgas a ti mismo, no puedes disfrutar la vida cuando solo crees que todo es blanco o negro, no puedes ver belleza donde solo ves carencia.

Si quieres un verdadero cambio, empieza por valorar lo que tienes y lo que has logrado, así como a agradecer por los fracasos, errores o desaciertos, llámalos como quieras pero al final siempre son aprendizajes que no debes olvidar porque te han convertido en la persona que hoy eres, y si crees no saber quién eres, es hora de recorrer un camino distinto. Mira hacia adentro, cierra los ojos para que no te distraigas con lo de afuera y comienza a escuchar a tu maestro interior, pero sobre todo, empieza a eliminar esas creencias sobre quien eres que han sido asignadas por otros, solo tú puedes saber quién eres y que quieres cambiar, transmutar y evolucionar en ti.

Solo cuando una persona se conoce, se ama y respeta con humildad, empieza a comprender a los demás. Hemos creído que la empatía es ponerse en los zapatos de los demás, pero de nada sirve si me pongo en sus zapatos para decirle cómo debería actuar según mi mapa, es decir, desde cómo yo haría las cosas de acuerdo a mi forma de pensar. La real empatía es intentar sentir como siente el otro para comprender sus sentimientos, sus emociones y sus actuaciones.

Una vez hemos trabajado en nosotros, podemos contribuir en los demás, y como dijo Gandhi, “sé el cambio que quieres ver en el mundo”, nuestro propio crecimiento será el espejo para muchos, así como muchos han sido espejo para nuestro cambio. Apoya y contribuye, porque la ayuda, bajo muchas circunstancias, evita que las personas vivan experiencias que aunque sean dolorosas, traen aprendizajes que nos hacen mejores personas. A veces lo mejor que podemos hacer por otros es escuchar sin opinar, agradecer, estar presentes, respetar el camino de los demás, y si quieres hacer más, envía luz. Si tú estás bien yo estoy bien, si yo estoy bien, tú estás bien.

No se nos puede ir la vida tras un destino, el destino está justo en el camino, cada día lo construimos, cada día lo corregimos y lo moldeamos, el destino al igual que la felicidad no es un punto de llegada, el destino es lo que hacemos día a día mientras estamos vivos, el destino es conocernos, descubrir nuestros dones y ponerlos al servicio de los demás, eso que conocemos como propósito de vida es nuestro verdadero destino.

DESTINO

Vivimos corriendo
para encontrar nuestro destino
sin darnos cuenta que todo lo que hacemos
hace parte del camino.

Y qué es el destino
sino las lágrimas por el amor perdido,
el sufrimiento por la pérdida del ser querido,
o la tristeza por no hallar el camino.

También son las veces que nos dijimos
“nunca más lo volveré a hacer”,
“debí haber dicho te amo”,
“debí haber dicho lo siento”.

El destino es todo lo que construimos,
son las veces que mentimos y nos victimizamos,
las veces que perdimos y nos equivocamos,
son las veces que lastimamos y humillamos.

Aun así, por las veces que nos hemos caído
disculpamos y nos perdonamos,
aprendemos, agradecemos y amamos
y como el ave fénix nos levantamos.

De esta forma comprendemos,
que el destino no es la llegada sino el camino,
también son las sonrisas de los momentos vividos.
Son las mariposas en el estómago al ver al ser querido;
es la alegría por estar vivos.

El destino es la forma en la que me hablo cada día,
es la compasión con la que me miro,
es el permitirme reír y llorar sin juzgarme,
es la verdad y honestidad con la que vivo.

Por eso, no borres ningún recuerdo, ningún beso, ni ningún sueño,
no te arrepientas de lo que hiciste o de lo que no has hecho,
si estás leyendo esto es porqué estás vivo
y tu único destino es ser la mejor versión de ti mismo.

Angélica Sofía Clavijo Castañeda

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